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Philae es uno de los santuarios más bellos de todo el
Antiguo Egipto. Situado originalmente sobre la Isla que
lleva su nombre y trasladado en época moderna a su actual
emplazamiento en la isla de Egelika, este templo alcanzó su
máximo esplendor en el Período Ptolemaico. Según parece, sus
primeras edificaciones se remontan a la XXV dinastía con el
faraón de origen nubio Taharka, alrededor del 690 a.C. y
hasta el año 117 d.C., sabemos que participaron en su
construcción los reyes Taharka, Nectanebo I, Ptolomeo I, II,
III, IV, VI, VIII, XIII, Tiberio, Augusto y Trajano entre
otros.
El gran templo de Philae está dedicado a Isis, la divinidad
femenina tal vez más universal y amada a todo lo largo de la
historia egipcia. De forma generalizada, para los Antiguos
egipcios la diosa Isis representaba la mujer, la vida y la
magia; pero muy especialmente para aquellos sacerdotes
iniciados que se consagraban a su culto, Isis era la diosa
de la Sabiduría que atesoraba los arcanos Misterios de la
Naturaleza.
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En Philae encontramos a la diosa Isis
fusionada con la diosa Hathor, la «gran Madre cósmica»,
portando sobre su cabeza el dorado disco solar entre los
plateados cuernos de la luna. Sin embargo, sabemos que en la
antigüedad este templo estuvo también consagrado a Jnum,
«Señor de la primera catarata» y dios de las «Fuentes del
Nilo», que era para ellos el misterioso lugar de donde
procedían las aguas de vida. De esta forma, el dios Jnum
junto con las diosas Anukis y Satis formaban «La Triada de
las Cataratas» que aparece representada en Philae.
Es importante señalar la asociación simbólica de la
diosa Isis con la estrella Sirio -llamada«Sothis»
por los
egipcios-, pues según su calendario sagrado era la salida de
este astro en el horizonte precediendo al Sol, la que
anunciaba el comienzo del año nuevo egipcio, coincidiendo
con la crecida de las aguas del Nilo. Y es que según el
pensamiento mito-poético de los antiguos egipcios, eran
precisamente las lágrimas de Isis, en su desconsolado llanto
por la muerte de su amado esposo Osiris, las que alimentaban
el Nilo
en forma de inundación bienhechora,
trayendo al país de las dos tierras la abundancia,
la prosperidad y la vida.
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Uno de los aspectos más destacados de Philae es que, si
bien contiene los mismos elementos canónicos que cualquier
templo egipcio, aquí están colocados en una distribución
arquitectónica diferente. La primera edificación que nos
encontramos, entrando por la parte occidental del templo, es
el pabellón de Nectanebo I. Construido en la dinastía XXX,
este edificio es el más antiguo de los que se conservan
todavía en pie. Sus estilizadas columnas papiriformes
rematadas con ábacos de la diosa Hathor, fijan el modelo
arquitectónico que veremos repetido en los templos
de esta diosa. |
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Es aquí también donde aparecen los testimonios
arqueológicos más antiguos referentes a las primeras
construcciones realizadas en Philae durante las dinastías XXV y XXVI, como varios sillares de piedra reutilizados en
los que aparecen grabados diversos cartuchos con los nombres
del faraón Taharka y otros reyes de la XXVI dinastía.
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Frente al pabellón de Nectanebo I se alzan dos
majestuosas columnatas que flanquean el patio de acogida o «dromos»,
abriéndose en ángulo hacia la fachada del primer pilono.
Ambos pórticos están decorados con escenas de ofrendas y con
los cartuchos de los emperadores romanos que participaron en
su construcción: Augusto, Tiberio, Calígula y Nerón. La de
la izquierda o «pórtico oeste» es la más larga y se compone
de treinta y dos columnas con capiteles ricamente
ornamentados con motivos vegetales muy variados, mientras en
su techo se observan todavía los restos de las tradicionales
estrellas de cinco puntas que lo adornaban. Tras esta
columnata se extiende el muro occidental del templo,
salpicado de pequeñas ventanas desde donde se divisaba la
Isla santa de Bigaeh. Las más antiguas tradiciones míticas
la denominan «La isla del tiempo de Ra» y relatan que en
esta isla se hallaba una de las tumbas de Osiris más
veneradas por los egipcios, se trata del «Abatón» o
«Montículo puro», en el que yacía sepultada una
parte vital del cuerpo del dios. |
Según reza la leyenda, el cuerpo de
Osiris fue desmembrado por su malvado hermano Set en
cuarenta y dos pedazos y fue Isis, con su amor y con su
magia, la que consiguió reunirlos de nuevo, devolviéndole la
vida. El cuerpo de Osiris simboliza así los cuarenta y dos
nomos o provincias del Antiguo Egipto, de forma que para los
egipcios Osiris era la Tierra misma de Egipto, un espacio
sagrado que periódicamente había de sufrir la muerte y
fragmentación que padece la tierra en la estación de la
sequía, para renacer de nuevo gracias a Isis, con la
inundación bienhechora del Nilo. Esto nos permite entender
uno de los principales rituales mágicos de regeneración que
se celebraba cada diez días, en el que la estatua viva de
Isis era llevada hasta la tumba de su hermano-esposo Osiris,
para rememorar el misterio de la reconstitución del cuerpo
del Dios de la tierra y de la vegetación, que era reanimado
periódicamente por la magia de la diosa de la Vida, Isis,
cuyo principal emblema distintivo es el Anj o «llave de la
Vida».
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Frente al pórtico oeste y a nuestra derecha, mirando
desde el pabellón de Nectanebo hacia la fachada del templo,
se extiende el pórtico este, construido por el emperador
Augusto y compuesto por dieciseis columnas cuyos capiteles
quedaron finalmente inacabados. A lo largo de esta columnata
nos vamos encontrando con tres pequeños santuarios: el
primero es un templete dedicado a Aresnufis, dios de origen
nubio que forma una triada junto con Isis-Hathor como esposa
y Harpócrates como hijo. Una tríada divina que fue concebida
por los teólogos egipcios a fin de poder sincretizar las
tradiciones religiosas egipcias con las de los
territorios nubios situados al sur de la
primera catarata. |
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Un poco más
al norte hay otro templete mucho más pequeño consagrado al
dios Mandulis, que es una de las formas de la divinidad
solar más veneradas en la Baja Nubia. Al final de la
columnata hay un pequeño santuario dedicado a la memoria del
divino Imhotep, tal vez el sabio más grande y venerado en
Egipto desde el Imperio Antiguo. Sumo Sacerdote de
Heliópolis y de Menfis, gran visir del faraón Zoser de la
III dinastía y constructor del conjunto monumental de
Sakkara, Imhotep fue el primer arquitecto que construyó
monumentos en piedra y el primero también en edificar una
pirámide: la Pirámide Escalonada de Sakkara. Divinizado a
partir del Período Saíta, Imhotep recibe en Philae el
epíteto «El que consigue la felicidad de los niños»,
atribuyéndosele también una benéfica influencia en la
periódica crecida del Nilo.
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El gran santuario de Philae es de construcción irregular
y único en Egipto, ya que tuvo que adaptarse a las
características geológicas del subsuelo granítico de la isla
sobre el que se asientan los cimientos del edificio. El
patio solar o «dromos», por el que se accede al templo
propiamente dicho, es un magnífico receptáculo de
luz amplio y luminoso, que servía de vía procesional
y patio de acogida para recibir a todos los
peregrinos que acudían al santuario de la diosa. |
Este patio está flanqueado por dos esbeltas
columnatas que son totalmente asimétricas, ya que se van
abriendo en ángulo hacia la fachada principal del templo y,
curiosamente, sus dos pilonos tampoco son paralelos, como
suele ser habitual.
El pilono es un elemento fundamental de la arquitectura
sagrada del Antiguo Egipto y tiene un profundo simbolismo
mágico-religioso. Básicamente, se trata de una construcción
arquetípica que adopta la forma de un estrecho valle
encajado simétricamente entre dos montículos, reproduciendo
así a escala monumental el símbolo jeroglífico del «ajet»,
que significa «el horizonte luminoso de Ra», es decir: el
doble horizonte –oriental y occidental- por el que el Sol
nace y muere cada día. De esta forma, cada templo es una
reproducción holográfica del Cosmos, un espacio sagrado en
el que se repite, con cada nuevo amanecer, el misterio de la
creación del mundo. Por eso las dos torres de los pilonos
llevan por nombre Isis y Neftis, ya que tradicionalmente son
estas dos diosas gemelas las que asisten al alumbramiento
del Sol naciente que, surgiendo del océano primordial de
tinieblas, o Caos-Nun, trae cada día a la existencia «la
Luz, la Vida y el Orden». Una escena simbólica representada
en numerosas tumbas y papiros en la que aparecen las diosas
Isis y Neftis con los dos brazos alzados, protegiendo
mágicamente el nacimiento del disco solar.
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En Philae, el primer pilono o fachada principal del
templo tiene 45,5 m de ancho x 18 m de alto. Fue construido
por el rey Nectanebo I y está decorado en bajorrelieve con
la imagen arquetípica del faraón triunfando sobre los
enemigos de Egipto y diversas escenas del rey realizando
ofrendas a los dioses. Custodiando la puerta de entrada se
yerguen dos leones de arte meroítico nubio, que todavía
permanecen en su lugar original. Sin embargo, los dos
obeliscos con los cartuchos grabados de Ptolomeo y Cleopatra
que se alzaban en este mismo lugar, se encuentran hoy en
Inglaterra y son precisamente los que sirvieron a Jean
Francois Champolion para descifrar la clave de la escritura
Jeroglífica. |
Cruzando el primer pilono llegamos al gran patio
peristilado que se halla cerrado al oeste por el Mammisi, al
que también se puede acceder a través de una puerta abierta
ex profeso en el pilono. El conjunto arquitectónico del
Mammisi está compuesto por un pequeño patio porticado y tres
cámaras sucesivas; las dos primeras hacen la función de
pronaos y la última es una hermosa capilla o sancta-sanctorum.
Este edificio está rodeado por un períptero cerrado, con
esbeltas columnas de ábacos hathóricos, y las tres cámaras
interiores fueron decoradas en relieve con escenas del
nacimiento divino, en las que vemos a Isis embarazada, dando
a luz, amamantando y entronizando al niño-Horus, etc. Una
sucesión de imágenes alegóricas que vemos también en otros
templos ptolemaicos. El Mammisi, llamado en egipcio «Per-mes»,
es, como su mismo nombre indica, la «casa del nacimiento»,
dado que es en estas estancias donde se celebraban los ritos
de regeneración del poder real que figuran representados en
los relieves de sus muros, en los que destaca la imagen de
la diosa Isis-Hathor amamantando al faraón-niño, legitimando
así de forma simbólica el origen divino del rey.
En el lado este del patio peristilado hay una serie de
pequeñas estancias, algunas con escaleras a través de las
cuales se podía acceder a la terraza del templo. Entre ellas
estaba el laboratorio, la biblioteca o archivo y una pequeña
capilla de Tiberio con magníficos relieves del Rey haciendo
ofrendas a la Triada divina de Osiris, Isis y Horus. En el
interior de estas salas podemos contemplar bellas
policromías de Maat, la diosa de la Verdad-Justicia, de la
diosa leona Sejmet y de otras divinidades. En la cámara del
laboratorio aparecen grabadas interesantes recetas de
esencias, perfumes y ungüentos sagrados que se usaban para
oficiar los diversos rituales que se celebraban diariamente
en el templo, ya que según parece era en esta estancia donde
tenía lugar la elaboración y consagración de las ofrendas
divinas.
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El segundo pilono, que es un poco más pequeño que el
primero, mide 32 x 22 m. Su base, que está un poco más
elevada que el suelo del patio peristilado, se asienta sobre
un cimiento natural de roca granítica, lo cual hizo
necesaria la construcción de una rampa escalonada para poder
acceder al interior del templo. A la derecha de la rampa,
bajo unos colosales relieves del rey Ptolomeo XIII junto a
Isis y Horus, se alza la estela de Ptolomeo VI Filométor,
que fue tallada sobre la roca viva del cimiento. |
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Esta estela
conmemora la donación de tierras al templo y las exenciones
fiscales concedidas al clero por este rey. Subiendo esta
escalinata cruzamos el dintel bajo la protección del disco
alado de Amón y entramos en el santuario de la diosa
propiamente dicho. A esta zona del templo sólo podían
acceder el faraón y los miembros del clero
sacerdotal.
Por la puerta del segundo pilono accedemos a una
reducida pero hermosa Sala Hipóstila, en la que penetra la
luz solar a través de una claraboya central. Esta sala está
integrada por diez columnas que imitan los tallos de lotos y
papiros, simbolizando el desarrollo de la vida en su estado
germinal. Originalmente estos capiteles florecidos estaban
bellamente policromados, al igual que el resto de sus muros
y techos. En el cielo de la sala hipóstila, junto a otras
representaciones teológicas y astronómicas, planea con
majestuosa elegancia la diosa buitre Nejbet, protegiendo
mágicamente todo el recinto con sus grandes alas extendidas,
mientras porta en sus patas los emblemas reales del Alto y
del Bajo Egipto. En la época cristiana, esta sala hipóstila
fue reutilizada como iglesia copta y, al igual que ocurrió
también en otros muchos templos y monumentos egipcios, las
imágenes de sus reyes y sus dioses fueron intencionadamente
mutiladas o borradas.
A través de la sala hipóstila accedemos a la Naos, que se
compone de doce bellas estancias, además de una pequeña
cripta y una escalera que conduce hacia la azotea del
templo. En estas salas se conservan las decoraciones más
antiguas de Philae, realizadas en tiempos del rey Ptolomeo
II. En ellas podemos admirar algunas escenas del mito
osiríaco, junto con otras representaciones relacionadas con
la Tríada de las Cataratas, formada por los dioses Jnum,
Anukis y Satis.
En el sancta sanctorum propiamente dicho, que es el lugar
más sagrado y recóndito del templo, se conserva todavía el
altar de granito en el que reposaba la barca sagrada o
capilla portátil de la Diosa que, en determinados días del
año era conducida en solemne procesión hasta la Isla santa
de Bigaeh donde tenía lugar la hierosgamia o unión sagrada
de Isis con su amado esposo Osiris.
Saliendo de la naos por la puerta oeste de la sala
hipóstila y girando a la derecha, encontramos varias
edificaciones paralelas a la orilla del Nilo, como el
«pabellón de Adriano» y el «templo de Harendotes». La puerta
del pabellón de Adriano mira hacia Occidente, el mundo de
los muertos, y antiguamente se divisaba desde aquí la isla
de Bigaeh, donde yacía la mítica tumba de Osiris, el rey del
inframundo. En este pabellón podemos apreciar también
algunas de las escenas mágico-religiosas más interesantes de
Philae: en la esquina derecha de la puerta, vemos un relieve
que simboliza el origen mítico de las fuentes del Nilo.
En las entrañas del monte subyace una caverna rodeada por la
serpiente Mehén, cuyo nombre significa «la que se enrosca» y
que aparece representada por primera vez en la tumba de
Tutankamón. Se trata del «Uroboros», la serpiente que no
tiene principio ni fin, símbolo de la eternidad dinámica,
del retorno periódico de todas las cosas y de los ciclos
vitales de la Naturaleza.En su interior reside Hapy, el
dios de la Inundación, con la corona llamada «wahy» -que
literalmente significa «sala de la inundación»- de la que
surgen unos papiros florecidos como emblema del poder
germinal de la tierra, mientras el dios porta en sus manos
las dos «jarras nemeset» con las que vierte las aguas de la
inundación que fertilizan las tierras de Egipto. A su
derecha, la diosa Isis-Hathor riega la tierra con el agua de
vida haciendo brotar un jardín de frondosas espigas sobre el
que se alza el Ba del dios Osiris o «alma-pájaro», como
símbolo de la resurrección divina. Ante él, se hallan las
diosas Isis y Neftis en actitud de ofrenda; en la pared sur
vemos también a Osiris dentro de un frondoso árbol, como
símbolo de la germinación.
Siguiendo con nuestro paseo alrededor del templo, un poco
más al norte, vemos las ruinas del antiguo templo dedicado
al dios Harendotis, una forma simbólica de Horus bajo su
aspecto del «Horus vengador de su padre», el joven Horus que
combatió y derrotó al malvado Set, el asesino del buen dios
Osiris. De esta forma, Harendotis asume el rol de «protector
de Osiris» y, por tanto, también de la persona divina del
faraón.
Pasando a la orilla este de la isla, nos encontramos con
un pequeño templo consagrado a Hathor, diosa del amor, la
música y la belleza, que los antiguos griegos identificaron
con Afrodita y los romanos con Venus. Este templete está
formado por un pequeño atrio con columnas adosadas a sus
muros y una capilla abierta, orientada hacia las aguas del
Nilo. Hathor asume aquí el papel de la diosa de la música y
de la armonía, por eso casi todos los relieves de sus muros
y columnas nos presentan una gran variedad de escenas
musicales, en las que aparecen diferentes divinidades que
portan diversos instrumentos, como flautas, arpas, panderos
o laúdes.
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La última parada de nuestro itinerario arqueológico
es el pabellón de Trajano. Construido en época de
este emperador romano, su obra quedó inacabada como
se puede apreciar perfectamente en la parte derecha
de su fachada, así como en la ausencia de relieves y
grabados jeroglíficos de sus muros. Esta elegante
construcción de planta cuadrada consta de un muro
perimetral sobre el que se elevan catorce columnas
cuyos capiteles están ornamentados con motivos
vegetales. |
En el centro de sus muros este y oeste se abren
dos
pequeños pilonos, orientando el eje del monumento hacia el
Nilo,ya que este hermoso pabellón servía para acoger las
barcas procesionales y como hall de acceso al templo desde
el embarcadero del río. Posiblemente, todo este edificio,
que hoy permanece a cielo abierto, quedaba antaño cubierto
por un gran toldo de tela, creando un espacio realmente
agradable y acogedor para recibir a los visitantes que
llegaban a Philae.
Finalmente, antes de despedirnos del santuario de Philae,
vale la pena acercarnos a la orilla occidental del templo,
justo enfrente del Mamisi, donde se encuentra el antiguo
Nilómetro. Un estrecho pasadizo abovedado, que en la
antigüedad se utilizaba para medir las crecidas del Nilo,
nos conduce a través de una escalera descendente hasta la
orilla misma del río y allí, bajo los viejos muros del
templo, una pequeña playa de guijarros sombreada por el
fresco verdor de las acacias, nos envuelve con su mágico
hechizo, embriagando nuestros sentidos con una dulce
sensación de belleza, de nostalgia y de serena quietud... Es
la melodía de la eternidad que todavía susurran las piedras
en Philae, el gran santuario de la diosa Isis... la «Señora
de la Vida», un bello lugar al que los antiguos peregrinos
llamaban «la perla del Nilo».
Francis J. Vilar y Herminia Gisbert
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