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Templo de Philae, Egipto ©Fundación Sophia.

Philae, la perla del Nilo

 

Francis J. Vilar y Herminia Gisbert

El mundo de Sophia 32

 

 

       Philae es uno de los santuarios más bellos de todo el Antiguo Egipto. Situado originalmente sobre la Isla que lleva su nombre y trasladado en época moderna a su actual emplazamiento en la isla de Egelika, este templo alcanzó su máximo esplendor en el Período Ptolemaico. Según parece, sus primeras edificaciones se remontan a la XXV dinastía con el faraón de origen nubio Taharka, alrededor del 690 a.C. y hasta el año 117 d.C., sabemos que participaron en su construcción los reyes Taharka, Nectanebo I, Ptolomeo I, II, III, IV, VI, VIII, XIII, Tiberio, Augusto y Trajano entre otros.

 

        El gran templo de Philae está dedicado a Isis, la divinidad femenina tal vez más universal y amada a todo lo largo de la historia egipcia. De forma generalizada, para los Antiguos egipcios la diosa Isis representaba la mujer, la vida y la magia; pero muy especialmente para aquellos sacerdotes iniciados que se consagraban a su culto, Isis era la diosa de la Sabiduría que atesoraba los arcanos Misterios de la Naturaleza.

 

       En Philae encontramos a la diosa Isis fusionada con la diosa Hathor, la «gran Madre cósmica», portando sobre su cabeza el dorado disco solar entre los plateados cuernos de la luna. Sin embargo, sabemos que en la antigüedad este templo estuvo también consagrado a Jnum, «Señor de la primera catarata» y dios de las «Fuentes del Nilo», que era para ellos el misterioso lugar de donde procedían las aguas de vida. De esta forma, el dios Jnum junto con las diosas Anukis y Satis formaban «La Triada de las Cataratas» que aparece representada en Philae.

Es importante señalar la asociación simbólica de la diosa Isis con la estrella Sirio -llamada«Sothis» por los egipcios-, pues según su calendario sagrado era la salida de este astro en el horizonte precediendo al Sol, la que anunciaba el comienzo del año nuevo egipcio, coincidiendo con la crecida de las aguas del Nilo. Y es que según el pensamiento mito-poético de los antiguos egipcios, eran precisamente las lágrimas de Isis, en su desconsolado llanto por la muerte de su amado esposo Osiris, las que alimentaban el Nilo en forma de inundación bienhechora, trayendo al país de las dos tierras la abundancia, la prosperidad y la vida. 

 

Foto: la diosa Isis, cuyo atributo natural es un trono, aparece con los cuernos hathóricos por su sincretismo con la diosa Hathor

 

      Uno de los aspectos más destacados de Philae es que, si bien contiene los mismos elementos canónicos que cualquier templo egipcio, aquí están colocados en una distribución arquitectónica diferente. La primera edificación que nos encontramos, entrando por la parte occidental del templo, es el pabellón de Nectanebo I. Construido en la dinastía XXX, este edificio es el más antiguo de los que se conservan todavía en pie. Sus estilizadas columnas papiriformes rematadas con ábacos de la diosa Hathor, fijan el modelo arquitectónico que veremos repetido en los templos de esta diosa.

Foto: Fundación Sophia

Foto: columnata con capiteles hathóricos ©Fundación Sophia.

 

 

      Es aquí también donde aparecen los testimonios arqueológicos más antiguos referentes a las primeras construcciones realizadas en Philae durante las dinastías XXV y XXVI, como varios sillares de piedra reutilizados en los que aparecen grabados diversos cartuchos con los nombres del faraón Taharka y reyes de la XXVI dinastía.

 Frente al pabellón de Nectanebo I se alzan dos majestuosas columnatas que flanquean el patio de acogida o «dromos», abriéndose en ángulo hacia la fachada del primer pilono. Ambos pórticos están decorados con escenas de ofrendas y con los cartuchos de los emperadores romanos que participaron en su construcción: Augusto, Tiberio, Calígula y Nerón. La de la izquierda o «pórtico oeste» es la más larga y se compone de treinta y dos columnas con capiteles ricamente ornamentados con motivos vegetales muy variados, mientras en su techo se observan todavía los restos de las tradicionales estrellas de cinco puntas que lo adornaban. Tras esta columnata se extiende el muro occidental del templo, salpicado de pequeñas ventanas desde donde se divisaba la Isla santa de Bigaeh. Las más antiguas tradiciones míticas la denominan «La isla del tiempo de Ra» y relatan que en esta isla se hallaba una de las tumbas de Osiris más veneradas por los egipcios, se trata del «Abatón» o «Montículo puro», en el que yacía sepultada una parte vital del cuerpo del dios.

      Según reza la leyenda, el cuerpo de Osiris fue desmembrado por su malvado hermano Set en cuarenta y dos pedazos y fue Isis, con su amor y con su magia, la que consiguió reunirlos de nuevo, devolviéndole la vida. El cuerpo de Osiris simboliza así los cuarenta y dos nomos o provincias del Antiguo Egipto, de forma que para los egipcios Osiris era la Tierra misma de Egipto, un espacio sagrado que periódicamente había de sufrir la muerte y fragmentación que padece la tierra en la estación de la sequía, para renacer de nuevo gracias a Isis, con la inundación bienhechora del Nilo. Esto nos permite entender uno de los principales rituales mágicos de regeneración que se celebraba cada diez días, en el que la estatua viva de Isis era llevada hasta la tumba de su hermano-esposo Osiris, para rememorar el misterio de la reconstitución del cuerpo del Dios de la tierra y de la vegetación, que era reanimado periódicamente por la magia de la diosa de la Vida, Isis, cuyo principal emblema distintivo es el Anj o «llave de la Vida».

 

       Frente al pórtico oeste y a nuestra derecha, mirando desde el pabellón de Nectanebo hacia la fachada del templo, se extiende el pórtico este, construido por el emperador Augusto y compuesto por dieciséis columnas cuyos capiteles quedaron finalmente inacabados. A lo largo de esta columnata nos vamos encontrando con tres pequeños santuarios: el primero es un templete dedicado a Aresnufis, dios de origen nubio que forma una triada junto con Isis-Hathor como esposa y Harpócrates como hijo. Una tríada divina que fue concebida por los teólogos egipcios a fin de poder sincretizar las tradiciones religiosas egipcias con las de los territorios nubios situados al sur de la primera catarata.

 

      Un poco más al norte hay otro templete mucho más pequeño consagrado al dios Mandulis, que es una de las formas de la divinidad solar más veneradas en la Baja Nubia. Al final de la columnata hay un pequeño santuario dedicado a la memoria del divino Imhotep, tal vez el sabio más grande y venerado en Egipto desde el Imperio Antiguo. Sumo Sacerdote de Heliópolis y de Menfis, gran visir del faraón Zoser de la III dinastía y constructor del conjunto monumental de Sakkara, Imhotep fue el primer arquitecto que construyó monumentos en piedra y el primero también en edificar una pirámide: la Pirámide Escalonada de Sakkara. Divinizado a partir del Período Saíta, Imhotep recibe en Philae el epíteto «El que consigue la felicidad de los niños», atribuyéndosele también una benéfica influencia en la periódica crecida del Nilo.

El gran santuario de Philae es de construcción irregular y único en Egipto, ya que tuvo que adaptarse a las características geológicas del subsuelo granítico de la isla sobre el que se asientan los cimientos del edificio. El patio solar o «dromos», por el que se accede al templo propiamente dicho, es un magnífico receptáculo de luz amplio y luminoso, que servía de vía procesional y patio de acogida para recibir a todos los peregrinos que acudían al santuario de la diosa. Este patio está flanqueado por dos esbeltas columnatas que son totalmente asimétricas, ya que se van abriendo en ángulo hacia la fachada principal del templo y, curiosamente, sus dos pilonos tampoco son paralelos, como suele ser habitual.

   El pilono es un elemento fundamental de la arquitectura sagrada del Antiguo Egipto y tiene un profundo simbolismo mágico-religioso. Básicamente, se trata de una construcción arquetípica que adopta la forma de un estrecho valle encajado simétricamente entre dos montículos, reproduciendo así a escala monumental el símbolo jeroglífico del «ajet», que significa «el horizonte luminoso de Ra», es decir: el doble horizonte –oriental y occidental- por el que el Sol nace y muere cada día. De esta forma, cada templo es una reproducción holográfica del Cosmos, un espacio sagrado en el que se repite, con cada nuevo amanecer, el misterio de la creación del mundo. Por eso las dos torres de los pilonos llevan por nombre Isis y Neftis, ya que tradicionalmente son estas dos diosas gemelas las que asisten al alumbramiento del Sol naciente que, surgiendo del océano primordial de tinieblas, o Caos-Nun, trae cada día a la existencia «la Luz, la Vida y el Orden». Una escena simbólica representada en numerosas tumbas y papiros en la que aparecen las diosas Isis y Neftis con los dos brazos alzados, protegiendo mágicamente el nacimiento del disco solar.

       En Philae, el primer pilono o fachada principal del templo tiene 45,5 m de ancho x 18 m de alto. Fue construido por el rey Nectanebo I y está decorado en bajorrelieve con la imagen arquetípica del faraón triunfando sobre los enemigos de Egipto y diversas escenas del rey realizando ofrendas a los dioses. Custodiando la puerta de entrada se yerguen dos leones de arte meroítico nubio, que todavía permanecen en su lugar original. Sin embargo, los dos obeliscos con los cartuchos grabados de Ptolomeo y Cleopatra que se alzaban en este mismo lugar, se encuentran hoy en Inglaterra y son precisamente los que sirvieron a Jean Francois Champolion para descifrar la clave de la escritura Jeroglífica.

Foto: los autores del artículo ante el pilono del templo ©Fundación Sophia.

      Cruzando el primer pilono llegamos al gran patio peristilado que se halla cerrado al oeste por el Mammisi, al que también se puede acceder a través de una puerta abierta ex profeso en el pilono. El conjunto arquitectónico del Mammisi está compuesto por un pequeño patio porticado y tres cámaras sucesivas; las dos primeras hacen la función de pronaos y la última es una hermosa capilla o sancta-sanctorum. Este edificio está rodeado por un períptero cerrado, con esbeltas columnas de ábacos hathóricos, y las tres cámaras interiores fueron decoradas en relieve con escenas del nacimiento divino, en las que vemos a Isis embarazada, dando a luz, amamantando y entronizando al niño-Horus, etc. Una sucesión de imágenes alegóricas que vemos también en otros templos ptolemaicos. El Mammisi, llamado en egipcio «Per-mes», es, como su mismo nombre indica, la «casa del nacimiento», dado que es en estas estancias donde se celebraban los ritos de regeneración del poder real que figuran representados en los relieves de sus muros, en los que destaca la imagen de la diosa Isis-Hathor amamantando al faraón-niño, legitimando así de forma simbólica el origen divino del rey.     

Foto: Isis amamantando a su hijo Horus. Escena grabada en los relieves del templo ©Fundación Sophia.

      En el lado este del patio peristilado hay una serie de pequeñas estancias, algunas con escaleras a través de las cuales se podía acceder a la terraza del templo. Entre ellas estaba el laboratorio, la biblioteca o archivo y una pequeña capilla de Tiberio con magníficos relieves del Rey haciendo ofrendas a la Triada divina de Osiris, Isis y Horus. En el interior de estas salas podemos contemplar bellas policromías de Maat, la diosa de la Verdad-Justicia, de la diosa leona Sejmet y de otras divinidades. En la cámara del laboratorio aparecen grabadas interesantes recetas de esencias, perfumes y ungüentos sagrados que se usaban para oficiar los diversos rituales que se celebraban diariamente en el templo, ya que según parece era en esta estancia donde tenía lugar la elaboración y consagración de las ofrendas divinas.

El segundo pilono, que es un poco más pequeño que el primero, mide 32 x 22 m. Su base, que está un poco más elevada que el suelo del patio peristilado, se asienta sobre un cimiento natural de roca granítica, lo cual hizo necesaria la construcción de una rampa escalonada para poder acceder al interior del templo. A la derecha de la rampa, bajo unos colosales relieves del rey Ptolomeo XIII junto a Isis y Horus, se alza la estela de Ptolomeo VI Filométor, que fue tallada sobre la roca viva del cimiento. Esta estela conmemora la donación de tierras al templo y las exenciones fiscales concedidas al clero por este rey. Subiendo esta escalinata cruzamos el dintel bajo la protección del disco alado de Amón y entramos en el santuario de la diosa propiamente dicho. A esta zona del templo sólo podían acceder el faraón y los miembros del clero sacerdotal. 

 

   Por la puerta del segundo pilono accedemos a una reducida pero hermosa Sala Hipóstila, en la que penetra la luz solar a través de una claraboya central. Esta sala está integrada por diez columnas que imitan los tallos de lotos y papiros, simbolizando el desarrollo de la vida en su estado germinal. Originalmente estos capiteles florecidos estaban bellamente policromados, al igual que el resto de sus muros y techos. En el cielo de la sala hipóstila, junto a otras representaciones teológicas y astronómicas, planea con majestuosa elegancia la diosa buitre Nejbet, protegiendo mágicamente todo el recinto con sus grandes alas extendidas, mientras porta en sus patas los emblemas reales del Alto y del Bajo Egipto. En la época cristiana, esta sala hipóstila fue reutilizada como iglesia copta y, al igual que ocurrió también en otros muchos templos y monumentos egipcios, las imágenes de sus reyes y sus dioses fueron intencionadamente mutiladas o borradas.

   A través de la sala hipóstila accedemos a la Naos, que se compone de doce bellas estancias, además de una pequeña cripta y una escalera que conduce hacia la azotea del templo. En estas salas se conservan las decoraciones más antiguas de Philae, realizadas en tiempos del rey Ptolomeo II. En ellas podemos admirar algunas escenas del mito osiríaco, junto con otras representaciones relacionadas con la Tríada de las Cataratas, formada por los dioses Jnum, Anukis y Satis.    

 

Foto: Interior del sancta sanctorum del templo de Isis ©Fundación Sophia.

   En el sancta sanctorum propiamente dicho, que es el lugar más sagrado y recóndito del templo, se conserva todavía el altar de granito en el que reposaba la barca sagrada o capilla portátil de la Diosa que, en determinados días del año era conducida en solemne procesión hasta la Isla santa de Bigaeh donde tenía lugar la hierosgamia o unión sagrada de Isis con su amado esposo Osiris. Saliendo de la naos por la puerta oeste de la sala hipóstila y girando a la derecha, encontramos varias edificaciones paralelas a la orilla del Nilo, como el «pabellón de Adriano» y el «templo de Harendotes». La puerta del pabellón de Adriano mira hacia Occidente, el mundo de los muertos, y antiguamente se divisaba desde aquí la isla de Bigaeh, donde yacía la mítica tumba de Osiris, el rey del inframundo. En este pabellón podemos apreciar también algunas de las escenas mágico-religiosas más interesantes de Philae: en la esquina derecha de la puerta, vemos un relieve que simboliza el origen mítico de las fuentes del Nilo.

    En las entrañas del monte subyace una caverna rodeada por la serpiente Mehén, cuyo nombre significa «la que se enrosca» y que aparece representada por primera vez en la tumba de Tutankamón. Se trata del «Uroboros», la serpiente que no tiene principio ni fin, símbolo de la eternidad dinámica, del retorno periódico de todas las cosas y de los ciclos vitales de la Naturaleza.En su interior reside Hapy, el dios de la Inundación, con la corona llamada «wahy» -que literalmente significa «sala de la inundación»- de la que surgen unos papiros florecidos como emblema  del poder germinal de la tierra, mientras el dios porta en sus manos las dos «jarras nemeset» con las que vierte las aguas de la inundación que fertilizan las tierras de Egipto. A su derecha, la diosa Isis-Hathor riega la tierra con el agua de vida haciendo brotar un jardín de frondosas espigas sobre el que se alza el Ba del dios Osiris o «alma-pájaro», como símbolo de la resurrección divina. Ante él, se hallan las diosas Isis y Neftis en actitud de ofrenda; en la pared sur vemos también a Osiris dentro de un frondoso árbol, como símbolo de la germinación.  

   Siguiendo con nuestro paseo alrededor del templo, un poco más al norte, vemos las ruinas del antiguo templo dedicado al dios Harendotis, una forma simbólica de Horus bajo su aspecto del «Horus vengador de su padre», el joven Horus que combatió y derrotó al malvado Set, el asesino del buen dios Osiris. De esta forma, Harendotis asume el rol de «protector de Osiris» y, por tanto, también de la persona divina del faraón.

   Pasando a la orilla este de la isla, nos encontramos con un pequeño templo consagrado a Hathor, diosa del amor, la música y la belleza, que los antiguos griegos identificaron con Afrodita y los romanos con Venus. Este templete está formado por un pequeño atrio con columnas adosadas a sus muros y una capilla abierta, orientada hacia las aguas del Nilo. Hathor asume aquí el papel de la diosa de la música y de la armonía, por eso casi todos los relieves de sus muros y columnas nos presentan una gran variedad de escenas musicales, en las que aparecen diferentes divinidades que portan diversos instrumentos, como flautas, arpas, panderos o laúdes.

Pabellón de Trajano y templete de Hathor ©Fundación Sophia.

 

La última parada de nuestro itinerario arqueológico es el pabellón de Trajano. Construido en época de este emperador romano, su obra quedó inacabada como se puede apreciar perfectamente en la parte derecha de su fachada, así como en la ausencia de relieves y grabados jeroglíficos de sus muros. Esta elegante construcción de planta cuadrada consta de un muro perimetral sobre el que se elevan catorce columnas cuyos capiteles están ornamentados con motivos vegetales.

 

En el centro de sus muros este y oeste se abren dos pequeños pilonos, orientando el eje del monumento hacia el Nilo,ya que este hermoso pabellón servía para acoger las barcas procesionales y como hall de acceso al templo desde el embarcadero del río. Posiblemente, todo este edificio, que hoy permanece a cielo abierto, quedaba antaño cubierto por un gran toldo de tela, creando un espacio realmente agradable y acogedor para recibir a los visitantes que llegaban a Philae.

 

Los autores del artículo con el templo al fondo ©Fundación Sophia.

 

   Finalmente, antes de despedirnos del santuario de Philae, vale la pena acercarnos a la orilla occidental del templo, justo enfrente del Mamisi, donde se encuentra el antiguo Nilómetro. Un estrecho pasadizo abovedado, que en la antigüedad se utilizaba para medir las crecidas del Nilo, nos conduce a través de una escalera descendente hasta la orilla misma del río y allí, bajo los viejos muros del templo, una pequeña playa de guijarros sombreada por el fresco verdor de las acacias, nos envuelve con su mágico hechizo, embriagando nuestros sentidos con una dulce sensación de belleza, de nostalgia y de serena quietud... Es la melodía de la eternidad que todavía susurran las piedras en Philae, el gran santuario de la diosa Isis... la «Señora de la Vida», un bello lugar al que los antiguos peregrinos llamaban «la perla del Nilo».

Francis J. Vilar y Herminia Gisbert

 
 

 

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