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En este edificio
situado en pleno centro de una ciudad
inmensa y superpoblada, se encuentran
los mayores tesoros artísticos y
culturales de la civilización más
controvertida de la historia.
Sin haber cruzado el primer acceso a
tan singular recinto, me invadió una sensación de
expectación, como la que uno siente cuando está a la espera
de un ser querido que no ha visto en mucho tiempo. El museo
de El Cairo nos resulta familiar y nuevo a la vez. Familiar
porque a lo largo de nuestras vidas hemos visto tantas
imágenes de él en libros, enciclopedias, en programas de
televisión,…nuevo porque era la primera vez que lo visitaba.
Fundado por el arquéologo francés Auguste Mariette en 1863,
la colección fue trasladada a su actual sede, un edificio
neoclásico construído en 1900 por el arquitecto francés
Marcel Dourgnon, de colosales proporciones, que se ha
quedado pequeño para albergar una inmensa colección de la
que sólo 142.000 piezas están en exhibición.
El museo está dividido según períodos cronológicos: Imperio
antiguo, Medio y Nuevo, Sala de Joyería, Sala de Papiros,
Sala de Momias y otras. A medida que se avanza por los
distintos pabellones, como por ejemplo el del Imperio Nuevo,
el visiante puede admirar los ajuares funerarios de
Tuthmosis III y IV, la Reina Tuya, las momias de Tuthmosis
I, II y III, Seti I, Ramses II y III, y la colección
emblemática del museo: los tesoros de Tutankhamón, una de
las muestras más importantes y completas de todo el mundo,
compuesta por 3.500 piezas, aunque sólo 1700 están
expuestas.
Entre las piezas de ajuar funerario de Tutankhamón podemos
encontrar el trono de madera chapada en oro, con
incrustaciones de piedras semipreciosas; el sarcófago
antropoide de oro macizo y la máscara fúnebre de oro y
piedras preciosas, que reproduce con gran fidelidad los
rasgos del soberano.
El contenido integro fue trasladado desde la tumba del joven
rey hallada en el Valle de los Reyes, después de la
minuciosa clasificación realizada por su descubridor, el
arqueólogo inglés Howard Carter (1874-1939), quién dedicó
cerca de 10 años al estudio del contenido de la tumba desde
su hallazgo en 1922.
Además, el visitante puede contemplar esculturas
monumentales como la del faraón Amenofis III, de más de 10
metros de altura; la estatua del faraón Kefrén, hecha en
diorita verde, así como la estatua del faraón Akhenatón,
tallado en arenisca, representativa del arte de Tell-el-Amarna.
Actualmente, el museo no tiene capacidad para albergar ni
exhibir todas las colecciones depositadas en sus almacenes,
ni las provenientes de nuevos yacimientos arqueológicos, por
lo que se está construyendo una nueva sede a las afueras de
la ciudad. El nuevo edificio contará con unas instalaciones
equipadas adecuadamente, con una avanzada tecnología que
facilite a los expertos la labor de preservación, y la
continua admiración de los amantes de Egipto, que día a día
son cautivados por el enigma de esta grandiosa civilización.
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