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He de admitir que en el momento en que el Doctor Neil Spencer me recibió en el vestíbulo del Departamento del
Antiguo Egipto y Sudán, pensé que había un error o que la persona que me
salía al encuentro era un colaborador suyo. Esperaba ver a un Dr. Spencer
«un poco mayor», hasta que minutos después salí de dudas al intercambiar
tarjetas de visita. El que tenía enfrente era el Doctor Neil Spencer, en
sus treinta. «Hice todos mis estudios de un tirón, en Cambridge»
-comentó-, quizás para disipar los restos de asombro que aún
quedaban en mi rostro. Entramos a su despacho, después de atravesar un
montón de pasillos, que me hacían pensar que no iba a encontrar la salida
al finalizar la entrevista. «Son medidas de seguridad», explicó, ya que
tienen que cerciorarse del propósito de los visitantes. Tras el
inusual preámbulo, entramos en materia.
- ¿Qué labor desarrolláis los egiptólogos que
custodiáis una de las colecciones egipcias más célebres del mundo?
-
Somos un equipo de ocho personas con dos labores fundamentales:
investigación e información. Respecto a ésta, tenemos que responder las
consultas de las personas que la solicitan, atender a la prensa, etc. En
el ámbito de la investigación realizamos trabajo de campo y obviamente
viajamos a menudo a Egipto, por lo menos dos veces al año. Algunas veces
estamos allí por un par de semanas y otras hasta dos meses. Pero todo
depende del objetivo de la misión. Yo me incorporé al Museo en noviembre
de 2000, inmediatamente después de completar mi tesis doctoral en la
Universidad de Cambridge. Mi tesis versa sobre la construcción de templos
en el Egipto tardío y es el ámbito en el que me he especializado.
- ¿Te gusta el trabajo de campo?
-
Es una de las partes donde más disfruto de este trabajo, porque estás
excavando materiales completamente nuevos y empiezas a documentar desde
cero lo que incluso puede llegar a cambiar nuestras percepciones y
conocimientos sobre ciertas cosas y sobre ciertas partes de Egipto. Nunca
sabes qué puede aparecer en los registros arqueológicos. Este trabajo de
campo nos trae a la luz información sobre ciertas piezas del Museo de las
que conocemos poco, ya que tenemos algunos objetos que fueron encontrados
120 años atrás. Y -entre nosotros-, no nos gusta encontrar objetos de oro
porque tenemos demasiada atención de la prensa. Los objetos menos
espectaculares son los que más información nos ofrecen acerca del antiguo
Egipto, de la gente que vivió allí, de cómo vivieron... También disfruto
mucho de trabajar con los egipcios y del paisaje.
- ¿Qué es lo que más te atrae del Egipto
antiguo?
-
Una es lo exótico, pero por otra parte el poder darse cuenta de que hay
muchas similitudes con el hombre de hoy. Por ejemplo, encuentras cartas de
amor escritas a seres queridos fallecidos, que se hablan más allá de la
vida y de la muerte, y son realmente conmovedoras. También encuentras
documentos interesantes como procesos de divorcios, pleitos civiles, y
otros documentos que hacen ver a esta civilización como algo no tan
distante.
- ¿Qué nos dices acerca de los aspectos religiosos de
esta civilización?
-
El problema más obvio con este asunto es que conocemos tan poco sobre la
religión egipcia antigua... Puede parecer que sabemos un montón por tantas
tumbas y textos, pero esos textos no fueron escritos para nosotros, sino
para personas que estaban sumergidas en su mentalidad. Es muy difícil
construir una verdadera imagen de la religión egipcia como algo completo,
porque además hay varios niveles: la que está representada en los grandes
templos y la que vivía la gente sencilla. Realmente, sólo tenemos unas
pinceladas de conocimiento sobre ello. Todo lo que sabemos de la religión
se basa en los textos, que ya en su día sólo eran leídos por unos pocos.
Había algunos templos donde entraba muy poca gente, no eran como iglesias;
eran sitios restringidos, que parecen tener relación con rituales muy
complejos. Es muy difícil entrar en el mundo de la religión egipcia,
porque sólo conocemos destellos de estrellas fugaces.
- ¿Qué pieza consideras la más importantes de la
colección del Museo?
-
La piedra de Rosetta, simplemente por la importancia que ha tenido para la
egiptología, por lo que ha significado para entender esta civilización.
Claro que tenemos piezas mucho más bonitas y más placenteras
estéticamente, pero la piedra de Rosetta ha sido clave. Antes de ella no
podíamos traducir los jeroglíficos. Es una estela que fue erigida en 196
a.C. y contiene un decreto real sobre la tasación de los templos; está
escrita en tres lenguas, en jeroglífico, en demótico -que es una forma
cursiva de los jeroglíficos- y en griego, por supuesto del período
ptolomaico, y a partir de eso Champolion dedujo que en parte era una
escritura alfabética con signos fonéticos. Antes de él, se creía que los
jeroglíficos eran símbolos místicos o pictogramas. Pero los egipcios
representan sonidos fonéticos y fue Champolion el que hizo el salto
comparando el griego con el egipcio, descifrando el nombre de Ptolomeo y
luego el de Ramsés, comparando de nuevo todo esto en textos coptos y
griegos... Por supuesto que tenemos muchos otros objetos, no en vano es
una de las colecciones más importantes sobre Egipto en el mundo entero.
Hay 110.000 objetos egipcios de los cuales sólo 4.000 están expuestos, lo
que da un idea de lo que tenemos almacenado, prácticamente toda la
historia egipcia.
- Creo que recientemente descubrieron de qué está
hecha la Piedra de Rosetta...
-
Bueno, eso es algo que se ha confirmado hace sólo unas semanas. Es un tipo
de granito-diorita. Cuando los franceses la encontraron, mencionaron en
sus agendas que era una especie de granit noir («granito negro» en
francés) pero desde 1820 se dio a conocer como basalto. Esa idea subsistió
hasta 1999, cuando se hicieron los nuevos estudios. La piedra se limpió
-porque hasta entonces fue completamente negra- y descubrieron que el
negro venía de alguna especie de tratamiento moderno al igual que de
suciedad. Y todos los signos resaltados como blancos eran en realidad un
pasta blanca para que la gente pueda ver la inscripción claramente. Pues
ha resultado que eso está muy lejos de cómo era el objeto original. Así
que actualmente se muestra como es en realidad. Se ha limpiado
completamente y ahora tiene un color grisáceo con un poco de color rosa en
la parte superior izquierda. Como te decía, recientemente se ha
reanalizado y se ha comprobado que es un tipo de granito-diorita y
posiblemente se halla identificado, aunque aún no es seguro, la cantera en
Egipto de donde fue extraída. Nuestro departamento científico hizo algunas
comparaciones y encontraron una cantera cerca de Assuán, con el mismo
rango de inclusiones y porcentajes, donde también son muy comunes esos
toques de color rosa en el granito-diorita (que es un grupo muy grande
dentro de las piedras con inclusiones muy características), es parecida al
granito, pero no igual. Eso es bastante interesante y demuestra que hasta
objetos que son muy familiares a todo el mundo, pueden revelar cosas
nuevas.
- ¿Qué ocurre con las piezas que no están expuestas?
-
Las tenemos que almacenar y dividir por título de objeto. Se está haciendo
una gran exhibición de cuatro años por los Estados Unidos. A veces
enviamos dos o tres piezas para completar una exhibición (por ejemplo la
que se celebró en París). Y no sólo fuera del país, enviamos objetos a
museos regionales en Inglaterra. Eso es bueno, porque mucha más gente los
ve, y, por supuesto, es agradable sacarlos fuera del almacén, porque
cuando un objeto acaba en el almacén... el mismo objeto maravilloso que no
notas ni aprecias, cuando lo muestras en una exposición es maravilloso, y
también es una oportunidad para ser publicado en un catálogo elegante,
etc.
- ¿Cuál es la contribución del British Museum a la
egiptología?
-
La gama de objetos y artefactos que son guardados en el museo proporcionan
una base muy importante para el conocimiento, con registros como el que
proporciona la ya mencionada piedra de Rosetta y la piedra Shabaka, que
contiene uno de los mitos egipcios de la creación. En lo que a las
investigaciones se refiere, hacemos trabajos de campo en Egipto y les
ayudamos a salvar y conservar monumentos. Desde Londres aportamos mucho
también gracias a nuestros laboratorios y profesionales.
- ¿A qué tipo de público dirigís vuestras
publicaciones?
-
Hacemos muchas publicaciones para lectores académicos, pero también para
lectores en general. En los libros de lectura general estamos incorporando
la investigación Scolarly más reciente, pero presentada en una forma más
amable, más legible. También hacemos libros para niños en los que están
incorporadas nuevas investigaciones, pero presentadas de una forma
pedagógica. Asimismo tenemos una revista académica en Internet, que es una
manera de publicar resultados rápidamente, sin tener que esperar a una
publicación
- ¿Qué tipo de relación mantenéis con el Museo de El
Cairo?
-
Nuestra relación con el Museo de El Cairo es muy buena. Ambos hacemos
nuestro trabajo de campo, que eventualmente involucra objetos que van al
Museo del Cairo. A menudo invitamos a profesionales de museos egipcios a
trabajar aquí, para que puedan ver cómo catalogamos cosas, cómo
organizamos las colecciones, etc., conocimiento que pueden usar para sacar
ventaja al enorme patrimonio que conservan.
- ¿Qué pieza es la que más atractiva encuentras del
British Museum?
-
Una pieza muy interesante es el sarcófago de Nectanebo II, porque
Nectanebo II fue el último faraón egipcio. Reinó aproximadamente en 340
a.C., justo antes de la segunda ocupación persa y la llegada de Alejandro.
Se encontró a finales del siglo XVIII en una mezquita en Alejandría, así
que fue uno de los primeros objetos en llegar al Museo. Están inscritos
sus nombres y escenas de los libros del inframundo. Pero como los
jeroglíficos no habían sido descifrados cuando llegó al Museo, de hecho se
pensó que era el sarcófago de Alejandro Magno mismo. Hay textos que hablan
de él y de cómo huye hacia Etiopía cuando el ejército persa invade Egipto;
no sabemos a ciencia cierta dónde murió, incluso si su cuerpo se trajo de
vuelta a Egipto para el funeral. El sarcófago probablemente fue realizado
antes de que abandonara Egipto y no llegó a ser usado. Es un objeto
fascinante, porque aún guarda un halo de misterio a su alrededor. No
sabemos dónde estaba originalmente, porque parece haber sido llevado a
Alejandría por los Ptolomeos.
- ¿Cuál ha sido el mayor desafío a la hora de
conservar una pieza?
-
Creo que nuestro departamento de conservación tiene una lista muy larga de
piezas que son desafiantes. Estatuas de piedra caliza muy delicadas, por
ejemplo. La gente cree que cualquier piedra es fuerte, pero eso solamente
es verdad para piedras muy duras como granito, cuarcita, etc. La caliza
responde muy mal a cambios de temperatura. También hay que vérselas con
viejos tratamientos de conservación de hace cien años que encierran en sí
mismos sus problemas. Hay objetos tan delicados que ahora tenemos que
mostrar detrás de un vidrio. Esto sólo son dos ejemplos, los especialistas
te darían cientos.
- ¿Trabajas en alguna excavación en
particular?
-
Recientemente he terminado la primera temporada de una nueva excavación
que está en el noroeste de Egipto, a unos 60 km al sudeste de Alejandría.
Es muy grande, de unos 3 km por 1,5 km. Contiene dos templos, una ciudad y
un cementerio asociado, y parece datar aproximadamente de entre 2.000 a.C.
y 680 d.C. Tiene una historia muy larga y no ha sido excavado hasta ahora.
De momento hemos estado haciendo el mapa, así que el objetivo para el año
siguiente es meterse en magnetometría. No sé si habéis visto los
resultados de una magnetometría, se parece un poco a una radiografía del
suelo. Envía ondas magnéticas y luego recoge diferentes captaciones de
ondas, dependiendo de si hay piedra, tierra... A menudo puedes ver muy
claramente los edificios debajo de la superficie y es una gran ayuda para
la posterior excavación. Cien años atrás, un sitio así lo excavabas
entero, ahora excavamos un área pequeña.
- ¿Colaboras con arqueólogos de otras
nacionalidades?
-
Sí, pero ésta es una expedición del British Museum. Siempre hay
colaboración internacional. La magnetografía del próximo septiembre la
hará un equipo americano. Y por supuesto, siempre trabajas con los
egipcios. Hay un inspector arqueológico allí, porque todo lo que hay que
cavar lo hacen egipcios. Nosotros sólo hacemos la planificación y el
registro, pero ellos hacen el trabajo manual. Esa es la ley egipcia. Ellos
lo tienen que hacer. Es muy diferente de cavar en Israel o en Gran
Bretaña. Usas arqueólogos entrenados, pero en Egipto usas trabajadores
locales. Algunos de ellos son muy buenos; no hay ningún entrenamiento
formal para ellos, pero tienen experiencia.
- ¿Cuál crees que es tu contribución a la Egiptología
y cómo te gustaría ser recordado?
-
Creo que el tiempo lo dirá. Es demasiado temprano para decir algo así (se
ríe recordando mi primera impresión al verle). A mí me gustaría ayudar a
la gente a alejarse de la idea de que un museo sólo es un edificio que
aloja algunos objetos preciosos, organizados por fecha o por tipo, e
intentar recrear más el contexto antiguo.
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