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APTULIO DEMICHELI | MADRID
Aunque a todos nos gusta pensar
que los sucesos más dramáticos
de la historia se producen a
causa de conspiraciones, cuanto
más rocambolescas mejor, o de
accidentes muy espectaculares,
la verdad es tozuda y se empeña
en contradecirnos. Así le acaba
de ocurrir a Tutankamón, el
joven faraón cuya muerte
prematura estaba envuelta en
numerosos misterios. Entre esas
hipótesis se contaba la del
asesinato, pues en la momia se
apreciaba una fractura en la
nuca, aunque quizá ésta fue
producto de las manipulaciones
de Howard Carter y sus
arqueólogos en 1922, cuando le
arrancaron la máscara de oro que
estaba pegada al cadáver con
cuchillos calientes... o el
envenenamiento. Pero también se
especulaba con una caída brutal
cuando corría en un carro, pues
los restos también presentaban
una fractura de fémur... Pues
bien, ninguna de ellas va a
resultar cierta.
El «Journal of the American
Medical Association» ha
publicado un estudio encargado
por Zahi Hawass, director del
Consejo Supremo de Antigüedades
de Egipto, y que a partir de
biopsias, análisis radiológicos
y de ADN de 10 momias
relacionadas con el faraón —que
murió siendo un adolescente de
19 años cerca del 1324 a. de C.
durante la XVIII Dinastía del
Nuevo Reino, tras casi una
década de reinado— no sólo han
permitido conocer qué pudo
haberle causado la muerte, sino
además diversas enfermedades que
afectaban a su familia, así como
también cuál era su filiación,
al identificar a su padre y a su
madre, entre otros parientes.
Empecemos por señalar qué
enfermedades no padecía
Tutankamón. En primer lugar, los
investigadores descartan que
sufriera el Síndrome de Marfan,
una patología que se apreciaba
en otros miembros de su familia.
Este mal afecta al tejido
conectivo y se caracteriza por
un excesivo crecimiento de los
miembros. En segundo lugar,
también se ha descartado que
sufriera ginecomastia, que es un
desarrollo anormal de los pechos
en los varones y que puede
deberse a una desequilibrio
hormonal. Los científicos
tampoco han advertido en el
joven faraón signos que apunten
a ninguna patología que produzca
feminización a pesar de que las
representaciones artísticas que
de él se tienen lo muestren con
rasgos andróginos o feminoides.
Esto puede deberse a que las
figuraciones que se realizaban
de los faraones y de los
miembros de la familia real no
eran reales sino idealizaciones,
y éstas, durante ese periodo —el
de Amarna— así los mostraban,
quizá debido a las reformas
religiosas impuestas por
Akenatón.
La muerte de Tutankamón más más
bien pudo deberse a otras
patologías. La principal sería
la malaria. Los análisis
genéticos han identificado
varios genes: Stevor, AMA1 y
MSP1, que son específicos del
Plasmodium falciparum, parásito
que causa la malaria, lo mismo
en el faraón que en tres
miembros de la familia. La
malaria asociada con una
necrosis avascular de los huesos
(falta de vascularización que
provoca la muerte de los
osteocitos) sería probablemente
lo que finalmente le causó la
muerte.
Por último, Tutankamón también
padecía la enfermedad de Kohler
II, una falta temporal de
vascularización que deforma el
segundo metatarsiano del pie,
provocando su achatamiento y que
se da durante la adolescencia.
Esta patología, también conocida
como enfermedad de Freiburg,
luego mejora, aunque puede tener
como consecuencia la cojera. Es
necesario diferenciarla de la
enfermedad de Kohler I, la
escafoiditis tarsiana —según
explica a ABC el Dr.Mariano de
Prado— pues ésta afecta al
escafoides, y que según algunas
informaciones nunca
constrastadas ha padecido el
tenista Rafael Nadal.
El gran misterio: era
nieto de Tiye e hijo de Akenatón
El gran reto de la arqueología
era saber de quién era hijo el
faraón más famoso del Antiguo
Egipto. Los investigadores
realizaron análisis de entre 2 y
4 muestras del ADN de cada una
de las diez momias vinculadas a
él, así como de otras cinco
pertenecientes al Nuevo Reino
que se utilizaron como grupo de
control. La identidad de tres de
ellas ha quedado determinada. La
conocida como KV35EL corresponde
a Tiye, que era abuela de
Tutankamón. La KV55 es con toda
probabilidad la de su hijo
Akenatón quien, a su vez sería
el padre del joven faraón.
Además de otras características
morfológicas, padre e hijo
compartían el mismo grupo
sanguíneo. Por último, la momia
KV35YL correspondería a su
madre, aún sin nombre (¿Kiya,
Nefertiti?)